Vivimos tiempos de cambios profundos. Aprovechando el contexto de la crisis, los poderes económicos han iniciado una ofensiva abierta contra los derechos y las conquistas sociales de la mayoría de la población. Pero ahora, el anhelo de democracia real es cada vez más intenso en las plazas, en las calles, en las redes sociales y también en las urnas.

En los últimos años hemos padecido en Torrent la incapacidad, la arrogancia, la prepotencia y hasta el menosprecio hacia la ciudadanía, de un Ayuntamiento que tenía nuestra ciudad como uno más de sus “cortijos” que gobiernan por España. Haciendo y deshaciendo de la manera más arbitraria, la malversación de los fondos públicos, ha sido la norma; el oscurantismo y la falta de transparencia en las decisiones y el gasto público, ha sido una constante; la corrupción, el nepotismo, el amiguismo en cargos, negocios y atribuciones, ha sido continuo.

Hemos presenciado como se ha marginado la cultura, como se han olvidado de la juventud y de sus problemas, como se han agravado las dificultades de las personas mayores y las dependientes, como amplios sectores de nuestra economía como la agricultura, el pequeño comercio, la pequeña y mediana empresa no han encontrado el mínimo apoyo necesario para hacer frente a la crisis económica, confiando únicamente en la supuesta atracción de capital foráneo, que nunca llega.

Como, con la indiferencia del Consistorio, los bancos han dejado en la calle a muchas personas apropiándose de sus domicilios, como el hambre y la miseria se han extendido por muchos barrios no encontrando mejor solución que privatizar derechos y servicios y dirigir nuestros recursos hacia organismos de carácter religioso, como han abandonado a las familias del accidente del Metro que durante ocho años están luchando para que se haga justicia, llegando, para silenciar sus demandas, incluso a colaborar en el chantaje.

Porque creemos en el derecho a decidir, queremos decidir, aquí y ahora, como ha de ser la ciudad que necesitamos y deseamos, porque estamos hartos, indignados, porque no aguantamos más: ¡DIGAMOS BASTA! ¡HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO!

Esta crisis devastadora, que no es solamente económica sino que también es social, política, cultural y ecológica, nos está abriendo los ojos y demostrando que las ideologías, aunque necesarias, deben supeditarse a las reivindicaciones. El trabajo, el bienestar social, la salud, la educación, la ecología, no son en absoluto patrimonio de un ideario, son reivindicaciones y anhelos transversales a los que todos aspiramos. En definitiva, la ciudadanía debemos recuperar el poder, el protagonismo, para así construir una ciudad, una sociedad, un mundo a imagen y en beneficio de todos, en una lucha renovada arriba/abajo, casta/ciudadanía.

Ya no nos tienen que engañar con falsas promesas, porque ya no queremos que nos prometan nada, lo vamos a hacer nosotras y nosotros, todas y todos.

Queremos una ciudad más acogedora, más solidaria, más sostenible, que no privatice los servicios esenciales, que no regale el patrimonio municipal, que fomente la economía social y de proximidad, la autogestión de los bienes y servicios, que desarrolle las energías y el transporte ecológico, que no exista connivencia entre la gestión pública y el poder económico, que evite la especulación del suelo, que cuide nuestro patrimonio cultural, que cree espacios de encuentro, que facilite el desarrollo de los movimientos asociativos, no queremos ver a nuestros vecinos desahuciados, no queremos que haya niños que no puedan alimentarse como sería necesario ni que su alimentación dependa exclusivamente de la caridad, queremos una sociedad laica donde prime el respeto a todas las creencias queremos que se invierta más y mejor en educación que es nuestra garantía de futuro, queremos que las personas mayores disfruten de un descanso merecido y que al mismo tiempo puedan transmitirnos sus valiosas experiencias. Todas estas cosas y muchas más no son un sueño inalcanzable, si somos capaces de imaginarlas juntos podremos hacerlas realidad.

Muchas de estas iniciativas han sido defendidas desde hace tiempo por movimientos sociales, vecinales y sindicales y por diferentes espacios políticos enmudecidos a base de olvido y silencio. Pero no las podremos llevar adelante sin la implicación de amplios sectores de la sociedad.

Rescatar la democracia de los poderes que la mantienen secuestrada es un reto difícil, ambicioso, pero al mismo tiempo apasionante. Pero que no sea un “quítate tú para ponerme yo” sino que sea un “mandar obedeciendo”, deberemos crear democráticamente nuevos instrumentos de toma de decisiones y de control de su ejecución. Nuevos instrumentos de articulación social y de intervención política donde pueda encontrarse la gente organizada y la que empieza a movilizarse, la que lleva tiempo luchando y la que se siente estafada pero anhela ilusionarse con un proyecto común. Este será el primer reto, articular la participación ciudadana en la toma de decisiones, la democracia directa desde abajo.

El segundo será crear los compromisos, las condiciones, para que la ejecución de esas decisiones no sea desvirtuada, que todos los representantes que resulten elegidos asuman un compromiso ético vinculante, que puedan ser revocados en caso de no cumplir las expectativas, que se limite la duración de los mandatos, las retribuciones y la acumulación de cargos, que se comprometan a una transparencia efectiva y a una información activa y veraz.

Son retos difíciles pero muy ilusionantes y, sobre todo, posibles. Por eso impulsamos esta plataforma ciudadana. Para construir una candidatura de confluencia, de consensos, con vocación ganadora, de mayorías. Una candidatura estimulante, con presencia en los barrios, en los puestos de trabajo, en el mundo de la cultura, de la enseñanza, del tejido social, que nos permita transformar las instituciones en beneficio de las personas.

No queremos ni una coalición ni una mera sopa de siglas. Queremos salir de las viejas lógicas de partido y construir nuevos espacios que, respetando la identidad de cada uno, vayan más allá de la suma aritmética de las partes que la integran.

Pensamos que Torrent, a pesar de todo, reúne las condiciones para hacerla posible. No hay una fórmula mágica para resolver las dificultades que nos encontraremos en el camino. Deberemos caminar preguntando y tendremos que hacerlo sin miedo. Las mejores experiencias nos demuestran que si nos organizamos a partir de objetivos y prácticas concretas podemos alcanzar hitos que parecían imposibles.

Y no estamos solos, por todo el territorio español están surgiendo iniciativas parecidas, pioneras, con las que podremos trabajar y aprender.

A pesar de la dureza de la crisis, se ha abierto una brecha histórica que ni podemos ni queremos desaprovechar. Vivimos tiempos excepcionales que exigen iniciativas valientes y creativas. Si somos capaces de imaginar otra ciudad, tendremos el poder de transformarla.

Por nosotros, por los que nos han precedido en este afán y por los que vendrán. Ha llegado la hora de demostrar que es posible construir una ciudad diferente. Ha llegado el momento de “Guanyar Torrent”.

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